Tsunami llegó a la hora


Durante mucho tiempo quise olvidar que alguna vez trabajé en una repartición pública. No porque lo haya pasado mal, al contrario, la camaradería fue inolvidable, sino porque era un templo de incompetencias, de holgazanerías y de contradicciones. No tengo que ser malagradecido,
más que mal me pagaron por asistir y más de algo aprendí, pero por más que busco algo que me sirva de modelo para aplicar no lo encuentro. Cualquier proyecto en que haya participado en el sector privado, para un proyecto similar en la repartición pública, se demoró el triple de tiempo, se gastó cinco veces más del dinero presupuestado, trabajó diez veces más la cantidad de personas y se vieron beneficiado en 50 veces mas las empresas proveedoras, con un chorreo impresionante. Recuerdo que las oficinas estaban un poco lejos del centro, y cómo no existían los cajeros ni bancos virtuales había que ir al banco. No almorzaba así que iba, hacía los trámites e irremediablemente llegaba pasado las dos, siendo la hora de retorno del almuerzo las 2 de la tarde. Varias veces mi jefe directo y otros jefes menos directos, me instruyeron cual era el procedimiento de esta y otras oficinas fiscales. Llegar a la hora tanto en la mañana cómo después del almuerzo. Si había que hacer trámites, salir a media mañana, a las 11 por ejemplo, pero volver a las dos en punto. Y luego salir a media tarde, pero estar a la hora de salida. Nunca me tragué ese cuento. Pensé que era locura de los descarriados. Pero con el escándalo TSunami de la ONEMI, entendí que es una práctica institucional. El abogado de la Fernandez y el subsecretario Rosende, alegan que ellos están libre de culpa porque fueron los primeros en llegar a la oficina de emergencia.

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