Steve Jobs


Para los que fuimos computines en la década de los 80, aunque muchos creen que lo sigo siendo, Steve Jobs era un referente de hacer las cosas perfectas. Su línea de productos MAC, que en ese tiempo era una máquina dirigida a una elite de escritores,
diseñadores y gente con un fuerte concepto de buen gusto, además de poder adquisitivo, traía un aparato al lado que se le llamó ratón y que al desplazarlo sobre la mesa movía un cursor por la pantalla. En la pantalla se desplegaba un escritorio, novedoso para la mayoría que veía estas máquinas lejanas para su uso cotidiano. Había una hoja para escribir, lápiz, paleta de colores, pincel, máquina fotográficas, bote para la basura, y carpetas para archivar, entre otras cosas. Si uno presionaba el bote de basura, el papel que estaba sobre el escritorio se arrugaba, generando un ruido quebradizo por el parlante incorporado y se iba al tacho dejando una estela en el aire dando la sensación de movimiento. Pero lo que más me impresionó era tomar la goma de borrar, moverla por la pantalla y comenzar a borrar. Era extraordinario como borraba, rasguñando, emitiendo sonido de roce sobre la hoja y haciendo desaparecer la imagen, tal cual como ocurre con las gomas de borrar verídicas. A veces uno dejaba una imagen, una foto por ejemplo, a medio borrar para contemplarla y ver que el futuro se nos había venido encima. Imprimirla ya era lo máximo.
Después me olvidé, tomé otros rumbos y fui aprendiendo otras cosas. Cómo por ejemplo, que una de las principales misiones que uno tiene en esta vida es dejar huellas. Tratar al menos. Algunos dejan más huellas que otros, por cierto. Cuando se anunció su muerte me impresionó saber que era apenas dos años mayor. Me imaginé, y así lo comprobé en las películas sobre su vida, que cuando yo jugaba en la universidad con el ratón sobre la pantalla en blanco y negro del mac, el hacía rato ya estaba dejando huellas. Pelucón y hippie, tal cual como yo era. Su huella es inimaginable, como las cosas que el inventaba. Una fortuna que alcanza más de siete mil millones de dólares es simplemente desmoralizante.
La lata es que murió tan joven. La gente se muere, me dijo un amigo, que era dueño de estos parques cementerios, con varios predios ubicados en el sur de chile. Trabajando con él, me comunicó que las tardes de los miércoles las dedicaba para ir a cortar el césped, con sus hijos. Se divertía haciéndolo. A lo que yo comenté que era una lata, porque salen callosidades en las manos al tomar las tijeras de podar. No entendió el chiste, porque de inmediato me corrigió que usaba una cortadora de pasto tipo tractor.

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