Se acabó la transición


Bueno, ya es un hecho. No había que ser muy brujo para predecir que una vez que asumiera Piñera se iba a desatar una escalada de violencia que no vendría desde la izquierda dura, sino que de la misma amplia y mal llamada clase media. Inaudito
en un país catalogado como tranquilo donde el terror ya era parte del pasado lejano y sólo lo contemplábamos en las noticias de los países tristemente politizados. Recordemos que la democracia no volvió de sopetón. Hubo un largo período de transición adormecidos por la campaña de desprestigio contra todo lo relacionado con política. Las nuevas generaciones no se inscribieron en los registros electorales y era de muy mal gusto conversar de política en las oficinas, en los almuerzos familiares, leer libros, revistas y diarios panfletarios. No hablar de política era ser persona culta. Ser independiente era el discurso aceptado en las personas públicas. Son millones de personas que habitan en poblaciones populares que no están inscritas, permitiendo que la derecha gobierne, que si votan en gran mayoría. La transición nunca acabó. Los gobiernos de la concertación nunca nos despertaron de la apatía. Pero Piñera sí. Ahora si se acabó la transición. Recién. Ahora ya todos hablan de política. Queremos cambios. Nos cuesta creer porque no los exigimos antes, cuando existía un gobierno cercano al pueblo, cuando se tuvo veinte años para haber hecho los cambios. De apoco los apáticos se irán inscribiendo en los registros electorales. Hasta los encapuchados lo harán, tienen todo el derecho. Y volveremos a ser un país de tres tercios. La derecha ya no querrá un sistema binomial porque perderán a sus candidatos. Cambiarán rapidito la constitución.

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